viernes, febrero 09, 2007

La Muerte y Resurrección de los Conejos pt II

Es pertinente, examinar la primera parte de este estudio

Resulta un tanto extraña la evolución del Lapin Canabissien. Steve Irwin, con voz post-mortem, argumentaba que esta clase de cronopios alteran su comportamiento semestralmente, dependiendo principalmente de los ciclos de la luna, los horarios de clase y las tribulaciones de su alma. Recientes estudios han demostrado que los conejos ya no mueren a las 1700 horas, tiempo -6:00 Greenwich. Si no que ahora, esa temible campanada del reloj ya no es percibida a causa de encontrarse lejos del lugar donde se origina. Gran desastre. El pobre conejo ya no muere, queda a la expectativa, orejas atentas, a sentir esa cosquilla que le sacudía el cuello, dejándolo inconscientemente dormido en un santiamén. En cambio, debido a la distancia existente entre la campanada Westminister y la capacidad auditiva del sujeto en estudio, él solo alcanza a percibir la balbuciante voz de un maestro que diserta de no-me-importa-el-tema. El conejo, entonces, queda zombie y con ojeras; no es mas que una sombra que espera pescar el vuelo de Morfeo en un instante; un taciturno que ansia una oportunidad de morir un ratito, solo un poquito, para después resucitar de entre los dormidos dos horas mas tarde...

Este desorden, o desmadre, como lo llamarían algunos, causa una incontenible ola de relaciones causa-efecto que trastornan el modus vivendi del conejo en cuestión. Ahora, padece de insomnio y el mal crónico de fumar en exceso a altas horas de la madrugada. Si bien es cierto que la taquicardia trepidante que lo incomodaba a la fecha del primer estudio ahora es inexistente, esta ha sido remplazada por una avidez de vivir cada vez mas rápido, un mal que terminara por petrificarle el hígado y los pulmones, claro, en el muy largo plazo, al menos eso espera y esperamos, si no, unas disculpas y usted dispense... pero es mejor no divagar y enfocarse al problema principal: el cronopio ahora es insomne!!!

Algunas luciérnagas alcanzan a comprender este mal que pesa sobre los párpados, pudiendo afirmar, con voz autorizada para ello, que esto le revienta la madre a uno y que lanzarle dos valiums al monstruo es como aventarle cacahuates a Goliat. Este se los terminara comiendo, antes de que caigan al suelo, tal vez con un poco de salsa botanera y limón. Por eso es mejor esperar a que llegue el sueño solito, fumando si se puede, como quien espera a su cita, sabiendo de antemano que esta llegará indudablemente tarde... tarde como siempre...

...Tarde como ahorita. Siempre es demasiado tarde...